Ya adentrados en la actividad de los meses de
octubre y noviembre de 1977, puede afirmarse que el punk como fenómeno en el
Reino Unido era el resultado de una amalgama de tradiciones no sólo musicales,
sino también de otros aspectos culturales e incluso políticos.
Precisamente este último aspecto parecía sobrevolar
la actitud punk, aportando slogans, estéticas y en ocasiones algún tipo de
referencia ideológica con la que nutrir aquellas letras que buscaban plenamente
confrontar con los problemas de la cotidianeidad de miles de jóvenes
británicos.
Aunque se pusiera como blanco a la Reina, la
policía o la vida construida por los mayores, pocas eran las voces que desde la
primera camada del punk inglés podían dar un honesto y lúcido punto de vista de
la realidad con argumentos políticos de peso. Parecería que todo era un gran
berrinche con cierta intelectualidad prestada para la ocasión, salvo cuando
daban una nota tipos como John Lydon, Joe Strummer o Paul Weller. Así y todo,
el punk inglés era notablemente más politizado que el estadounidense.


Pero si el punk estalló con fuerza en ese año y no
en otro fue porque por fuera de las cuestiones vinculadas a clubes para tocar,
compañías discográficas, revistas especializadas y tiendas de indumentaria new
wave, se estaba cocinando una situación social no menos explosiva, que afectaba
directamente al sector social que involucraba mayoritariamente al punk: la
juventud.
Ya desde principios de los 70, el capitalismo daba
señales de alarma en occidente justificándose en conflictos que afectaban el
abastecimiento de sus industrias (crisis del petróleo) pero que eran el
irremediable camino hacia una reformulación de las reglas del juego que
pondrían más el énfasis en el capital financiero, la revolución tecnológica y
la globalización propia del post fordismo. Era el neoliberalismo, donde el
mercado tomaba el mando en detrimento de un Estado que solo le daría un marco
regulatorio a sus andanzas. En el medio, países industriales como el Reino
Unido, permitían la llegada al poder de políticas que acelerarían este proceso,
siendo las clases obreras las más castigadas.
Hacia finales de los 70 esto se hizo más palpable,
y no era extraño que fuera lxs jóvenes uno de los sectores más golpeados. No
solo por no conseguir trabajo y cobrar un seguro de desempleo (que en última
instancia hablaba de la presencia de un Estado aun culposo) sino del
crecimiento de la violencia y la intolerancia, propia de ideas que buscaban
afuera y no adentro, a los culpables de aquel panorama. Esto ya se evidenciaba
desde fines de los 60. La xenofobia, propia del rebrote de un conservadurismo
ya sea liberal o nacionalista, siempre estuvo presente en la sociedad inglesa,
solo que en momentos como el de fines de los 70, sobre todo el 77, recrudeció.
Aunque estuvieron quienes prefirieron coquetear con
la seducción violenta de los renacientes grupos de ultraderecha (de los que se
acusaba al punk ser uno de sus principales impulsores), estaban también por
suerte algunxs jóvenes que empezaron a vincularse, en las barriadas más
humildes, con acciones políticas concretas, además de ir a ver a su banda
favorita. Uno ejemplo de ello se daba en el barrio de Southall, al oeste de
Londres. Allí existía un colectivo musical llamado Misty in Roots, abocado al
Reggae Roots como vehículo del rastafarismo pero también de la denuncia de la
creciente xenofobia que se vivía en los suburbios de Londres. Organizaban
conciertos para tal fin, los cuales fueron en gran parte la génesis de lo que
poco tiempo después sería “Rock agaisnt rascism”.
Entre quienes merodeaban estas acciones, estaba
tres amigos, Mlacolm Owen, Paul Fox y Paul Mattocks, que en 1975 se habían ido
a un singular lugar a realizar su experiencia musical. Se trataba de la Isla de
Anglesey, donde vivían de manera comunal. Anglesey estaba ubicada en el norte
de Gales y, al igual que otras regiones como Cornwall o Stonehenge, reunían
peregrinxs con intereses comunales, políticos y artísticos opuestos al ritmo de
vida de las grandes ciudades. Los Free Festivals (De los que ya hemos hecho mención) fueron apenas una muestra de
aquel espíritu. La música que hacían
constaba de instrumentos tradicionales como la guitarra, la batería y el
teclado, pero le añadían otras formas de percusión o vientos que hacían
deambular lo suyo entre lo folk y lo étnico.


En 1976, se producen una serie de encuentros que
definirán los sucesos siguientes. John “Segs” Jennings era un ingeniero
telefónico de la oficina de correo de Southall que merodeaba con frecuencia una
tienda de discos manejada por otro chico llamado Dave Ruffy. Por entonces llegó
un álbum que despertó interminables charlas entre ambos, por lo mucho que les
gustó. Se trataba del debut de los Ramones. Para esa época, Fox (retornado de
su experiencia en Anglesey) tocaba junto a Ruffy y Mattocks en un grupo funk de
Pub llamado Hit & Run, pero el entorno musical estaba virando hacia el
punk, que pronto estallaría. Ello mismo advirtió Malcolm Owen, tras asistir al
concierto de una banda de la que se hablaba mucho y que, tras verla, entendió
por qué: los Sex Pistols. Con ese impulso, Ruffy, Owen, Fox y Mattocks se
vieron pronto hablando en un ensayo de Hit & Run sobre la posibilidad de
armar un grupo en clave punk, a través del cual volcar gran parte de sus
vivencias suburbanas, poco tratadas o ridiculizadas por ciertas bandas de punk
a las que les costaba alejarse de la abstracción de los años previos. Así fue
que hacia agosto de 1977, tras desechar Malcolm and The Skulking, nació The
Ruts. Owen sería el vocalista, Fox el guitarrista, Ruffy el bajista y Mattock
el baterista. Debutaron el 16 de septiembre de 1977, tocando cuatro temas en el
intervalo de otras de las bandas de Fox llamada Mr Softy, en The Target de
Northolt, Middlesex.
Pero Mattock pronto abandona el grupo, pasando a
ocupar su lugar Dave Ruffy y encargándose de las cuatro cuerdas el ingeniero
telefónico de la oficina de correo, John “Segs” Jennings.
El 1 de octubre de 1977, The Ruts grabó sus cuatro
canciones (“Stepping bondage”, “Rich bitch”, “Out of order”, “I ain’t
sophisticated”, “Lobotomy”) en un demo, en los Free Range studios de Convent
Garden , Londres. Era el primer paso de una trayectoria signada por la osadía y
también por las desgracias. Los días corrían rápido para todos los que se
involucraban en el punk, pero aunque siempre se identificó a The Ruts con una
mezcla de The Clash con el adevenimiento del mensaje monolítico y sin matices
del Street punk, lo suyo era algo un poco más complejo.
Fuente: www.punk77.co.uk